La Liturgia del Adviento.

El oficio de la primera dominica de Adviento, llamada en el lenguaje popular antiguo Dominica ad te levavi, del incipit del introito de la misa, se encuentra en seguida dominado por el pensamiento fundamental de este tiempo: la espera de la venida de Cristo. Ecce nomen Domini venit de longinquo et dantas eius replet orbem terrarum, dice la antífona ad Magníficat de las primeras vísperas. La primera parte de este texto está tomada de Isaías, del cual se toman todas las lecciones de la Escritura hasta Navidad; porque, observa Durando, de adventu loquitur apertius quam aliquis alius propheta. De él se toma también el texto de buena parte de las antífonas y de los responsorios de este tiempo, muy numerosos y de los más elaborados de todo el breviario.

Entre éstos era justamente famoso en la Edad Media por su lírica expresión el responsorio Aspiciens a longe, del primer nocturno, el cual aun hoy día con sus tres versículos mantiene todavía aquella forma antigua que tenía ya en los tiempos de Amalarlo. He aquí el texto en su forma técnica de ejecución: Cantor. Aspiciens a longe, ecce video Dei potentiam venientem, et nebulam totam terram tegentem. Ite obviam ei et dicite: Nuntía nobis si tu es ipse, qui regnaturus es in populo Israel. Chorus. Ascipiens a longe ecce video Dei potentiam venientem et nebulam totam terram tegentem. Cantor, y Quique terrigenae et filii hominum, sirnul in unum dives et pauper! Chorus. Ite obviam ei et dicite. Cantor, y Qui regís Israel, intende. Qui deducís velut ovem lo seph! Qui sedes super Cherubim! Chorus. Nuntia nobis si tu es ipse, qui regnaturus es in populo Israel. Cantor, y Tollite portas, principes, vestras et elevamini portae aeternales, et introibit. Chorus. Qui regnaturus es in populo Israel. Cantor. J. Gloria Patri et Filio et Spiritui Sancto. Chorus. Aspiciens a longe… Ite obviam ei… in populo Israel. Sigue leyendo

Origen y Desarrollo del Adviento.

En la organización actual de la liturgia romana, el tiempo llamado de Adviento está a la cabeza de todo el ciclo festivo cristiano, que se llama “año eclesiástico o litúrgico.” De hecho, el misal y el breviario se abren con los oficios de la primera dominica de Adviento. Esto es perfectamente lógico, porque, como observa Cabrol, “todo comienza en la Iglesia desde la venida de Cristo.”

Sin embargo, este sistema de computar el año litúrgico no estuvo siempre en uso en la Iglesia. Ya desde el siglo III, por consideraciones astronómicas simbólicas, estaba universalmente difundida la opinión de qus el 25 de marzo, día del equinoccio de primavera, hubiese sido creado el mundo, María Virgen hubiese concebido al Verbo y que éste hubiese muerto en la cruz. VIII Kalendas Aprilis — dice un calendario mozárabe — Equinoxis verni et dies mundi primus, in qua die Dominas et conceptas et passus est. Sentado esto, era muy natural que se comenzase a contar el tiempo a partir de esta fecha, de capital importancia. Así lo encontramos en Tertuliano, el cual habla de la Pascua in mense primo, y las cuatro témporas, que en su origen vienen ordinariamente designadas con el nombre de ieiunium mensis primi, quarti, septimi, decimi, correspondientes a los meses de marzo, junio, septiembre y diciembre. San Ambrosio declara expresamente: Pascha veré omni principium primi mensis exordium. Sólo quedan rastros de este cómputo primitivo. El Génesis se comienza a leer en esta época, y el más antiguo leccionario conocido supone un ciclo de lecturas que comienza la noche de Pascua y acaba con el Sábado Santo. Sigue leyendo

La Fiesta de Todos los Santos.


La idea de una conmemoración litúrgica colectiva de todos los santos mártires (ya que la Iglesia antigua sólo a éstos tributaba culto) nació y se concretó primeramente en Oriente. En Antioquía esta fiesta se celebraba en la primera dominica de Pentecostés, es decir, al final del tiempo pascual; y San Juan Crisóstomo nos ha dejado un “panegírico de todos los santos mártires martirizados en todo el mundo,” pronunciado precisamente siete días después de la solemnidad de Pentecostés. En cambio, en Edesa, como ha demostrado Bickell, tenía lugar una fiesta análoga el 13 de mayo. Finalmente, la Siria oriental ya en el 411 hacía memoria de todos los mártires el viernes infraoctava de Pascua.

Esta triple tradición oriental encontró en seguida eco también en Occidente. El más antigqo leccionario romano, el de Wurzburgo, que refleja el uso litúrgico del siglo VI, contiene en la dominica primera después de Pentecostés la indicación Dom. in nat. sanctorum, con la perícopa del Apocalipsis… et ecce turba magna quam dinumerare,.., y el viernes de la octava de Pascua, la estación ad sta Maña martyra. Queda la fecha del 13 de mayo, la cual, si bien se aceptó la última, prevaleció en seguida sobre las otras. Esta, por la influencia de las comunidades ítalogriegas, fue escogida por el papa Bonifacio IV para realizar en el 609 la dedicación del Panteón. Este magnífico edificio, levantado por Agripa (+ 12 a.C.) en honor de Júpiter vengador, había sido cerrado al culto desde el siglo V. El pontífice, obtenido el permiso del emperador Foca, depositó en él numerosas reliquias de mártires, y el 13 de mayo del 609 lo consagró basílica cristiana, en honor de María Virgen y de todos los mártires, con el nombre de S. María ad Maríures. El recuerdo de esta solemne dedicación se celebraba cada año con concurso extraordinario de peregrinos. El papa mismo cantaba la misa estacional, durante la cual, desde lo alto del lucernario abierto en la cúpula majestuosa, se hacía llover dentro del templo una nube de flores y de pétalos de rosa, que descendían sobre los fieles. Era la “rosario” o fiesta de las rosas, tan querida por los romanos. Sigue leyendo