Un obispo italiano exige a sus sacerdotes obediencia a Summorum Pontificum

VescovoOliveri


Presentamos nuestra traducción de una Carta que Mons. Oliveri, obispo de Albenga-Imperia, ha escrito a sus sacerdotes, en la cual, incluso con palabras severas, corrige la actitud de algunos hacia el Motu Proprio Summorum Pontificum del Papa Benedicto XVI y a disposiciones litúrgicas del propio obispo.

Queridos sacerdotes y diáconos,

Es con mucha amargura de ánimo que he debido constatar que no pocos de vosotros habéis asumido y expresado una incorrecta actitud de mente y de corazón frente a la posibilidad, dada a los fieles por el Motu Proprio Summorum Pontificum del Papa Benedicto XVI, de tener la celebración de la Santa Misa “en la forma extraordinaria”, según el Misal del beato Juan XXIII, promulgado en 1962.

En la Tre Giorni del Clero de septiembre de 2007, indiqué con fuerza y claridad cuál es el valor y el sentido del Motu Proprio, cómo se debe interpretar y cómo se debe acoger, con la mente abierta al contenido magisterial del Documento y con la voluntad pronta a una convencida obediencia. La toma de posición del Obispo no faltaba a su sosegada autoridad, convalidada por su plena concordancia con un acto solemne del Sumo Pontífice. La toma de posición del Obispo estaba fundada en la racionalidad de su argumentar teológico sobre la naturaleza de la Divina Liturgia, de su inmutabilidad de la sustancia en sus contenidos sobrenaturales, y estaba además fundada en cuestiones de orden práctico, concreto, de sentido común eclesial. Sigue leyendo

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Capítulo 12: Idea, origen y evolución de la plegaria eucarística

 

Con el “Dominus vobiscum” del prefacio se abre la Solemne Oración Eucarística y no se cierra hasta el “Per omnia saecula saeculorum.Amen” antes del Padrenuestro.

La acción de gracias

Para explicar el origen y la evolución de la plegaria eucarística debemos remontarnos hasta la última cena e incluso a las costumbres observadas por los judíos en sus cenas rituales.

Antes de comer el cordero en la cena pascual judía se servía una copa y luego un manjar de hierbas amargas y pan ázimo, recuerdo de las angustias sufridas cuando salieron de Egipto. Terminado este plato, se servía la segunda copa y el hijo de casa debía preguntar al padre de familia qué significaba aquello. Entonces, tomando la palabra el padre, narraba las miserias sufridas en el destierro de Egipto y cómo los judíos fueron liberados. En la narración había un momento en que, tomando el pan ázimo, el padre debía decir: “Este es el pan de miseria que comieron nuestros padres a la salida de Egipto”. Semejantes palabras dieron ocasión a Jesucristo para que, después de hablar no sólo de la esclavitud de Egipto, sino también de la del pecado y la redención que él traería al mundo, llamara la atención de los Apóstoles sobre el pan que tenía en las manos. Terminado en este relato (llamado Haggada) recitaban todos la primera parte del “Hallel”, o sea, los salmos 112 y 113 hasta el versículo 8, respondiendo los comensales a cada versículo con un aleluya. Sigue leyendo

Entrevista concedida por el Cardenal Joseph Ratzinger al Canal Católico EWTN 5 de septiembre 2003

Traducción: ACI Prensa

Raymond Arroyo: Antes que nada Su Eminencia, gracias por recibirnos. Es un gran honor poder estar aquí con usted. En su libro, Dios y el Mundo, usted habla de una crisis de fe. Usted, mejor que nadie, debe conocer el estado de la Iglesia dado que recibe informes al respecto todos los días. ¿Cuál es el centro de esta crisis de fe actual? ¿Están mejorando las cosas?

Cardenal Ratzinger: Sí, en un sentido están mejorando. Aunque, en general, nuestra situación, es decir, la situación de occidente es la de un creciente relativismo. Existe la idea de que todo es igual y que no tenemos nada claro sobre Dios; entonces todos los credos son iguales. Ésta es una impresión general del mundo de hoy y eso constituye una tentación para los cristianos. Pienso, por otra parte, que muchas personas tienen un sincero deseo de relacionarse directamente con Cristo, con la presencia de Nuestro Señor. Diría que los jóvenes de la Iglesia mejoran esta situación ya que ellos no hacen lo que todo el mundo sino que en realidad anhelan ese contacto con el Señor así como compartir la fe de la Iglesia. Diría que en general, la situación de occidente no mejora en cuanto a la fe, pero en la Iglesia, entre los jóvenes, podemos ver un nuevo amanecer.

Raymond Arroyo: Signos de esperanza que van apareciendo.

Cardenal Ratzinger: Sí.

Raymond Arroyo: Hablemos por un momento del Concilio Vaticano II, particularmente de la preparación del Concilio. Usted ha dicho y escrito mucho sobre esto. Para los de mi generación, creo que lo más importante concerniente a la fe de nuestros padres y abuelos es la liturgia, la Misa. Usted ha comentado sobre la reforma, sobre reformar la reforma. ¿Cómo ve eso? ¿Cómo ve que eso toma cuerpo a medida que el tiempo pasa?

Cardenal Ratzinger: Generalmente, diría que la reforma litúrgica no se implementó bien porque era algo general. Ahora, la liturgia es algo propio de una comunidad. La comunidad se representa a sí misma y la creatividad del sacerdote o de otros grupos será lo que cree sus propias liturgias. La liturgia actual es más la expresión de sus propias ideas y experiencias que de lo que se encuentran con la presencia del Señor en la Iglesia. Y con esa creatividad y presentación personal de la comunidad, desaparece la esencia de la liturgia. Porque en esencia podemos ver a través de nuestras experiencias y recibir lo que no es parte de nuestra experiencia, pero como un don de Dios. Pienso que debemos restaurar algunas ceremonias, pero la idea esencial de liturgia –para entenderla en la liturgia– es que no nos presentamos a nosotros mismos sino que recibimos la gracia de Dios en la Iglesia del Cielo y la terrenal. La universalidad de la liturgia es esencial. La definición de la liturgia y el restablecimiento de esta idea también podrían ayudar a obedecer mejor las normas, no con un positivismo jurídico, sino compartiendo realmente lo que se nos da en la Iglesia a través del Señor. Sigue leyendo

Capítulo 11: Estudio eucológico de la oración previa a la Solemne Oración Eucarística –

La parte de la liturgia que trata de la oraciones se llama eucología (euché = oración y logos = tratado). Eucología es pues, la ciencia que estudia las oraciones y las leyes que regulan su composición. Si la oración litúrgica tiene unas características, es natural que para crear nuevas oraciones se mantengan esas características. También se llama eucología, en un sentido menos propio, al conjunto de las oraciones contenidas en un libro litúrgico, sea misal u otro ritual.

Entre los siglos IV y V, un poco después de cristalizar en fórmulas fijas las oraciones que hasta entonces se habían dejado a inspiración de cada celebrante, debió darse con toda probabilidad un breve periodo en el que, en lugar de las desaparecidas “oraciones solemnes” decía el celebrante, después del evangelio, una oración parecida a la colecta, en que encomendaba a Dios las oraciones del pueblo. Es la fórmula primitiva de nuestra “oración sobre las ofrendas” del Novus Ordo Missae de 1969 (oratio super oblata).

Su evolución fue más o menos la siguiente: La entrega de las ofrendas que se hacía antes de la misa o en otros lugares, antes de la Solemne Oración Eucarística, pasó a tenerse con regularidad entre el “Oremus” de las plegarias de los fieles y la oración mencionada. Se mezclaron pues las preces o plegaria de los fieles y la oración al final de las ofrendas. Al final las preces quedaron sustituidas por las ofrendas del pueblo. Este nuevo tipo de oración sacerdotal, no obligatoriamente de tono oblativo pues recogía también las intenciones o preces de los fieles, se llamó “oratio super oblata”, oración que se reza sobre las ofrendas para pedir a Dios que las mire con agrado. La expresión “oratio super oblata” es muy interesante pues relaciona la oración con las ofrendas pero evitando llamarla oración oblativa: el sacerdote al no mencionar en ella la propia ofrenda sino solo las oblaciones del pueblo, no tiene por qué ofrecerlas. Lo único que hace es rogar a Dios que no desprecie estas ofrendas del pueblo. Pero como el celebrante tenía delante su propia ofrenda, era natural que al rezar esta oración incluyera su intención, juntamente con la del pueblo, sin que tuviera que esperar hasta la Solemne Oración Eucarística. Fue la época en que se compusieron la mayor parte de las fórmulas antiguas, conservadas invariables desde San Gregorio Magno a través del Misal de San Pío V hasta el actual Misal de Pablo VI. Más o menos. Sigue leyendo

La Epifanía.

El nombre griego de esta fiesta (Epiphania, Theophania, τα επιφανια, Θεοφανια), indica en seguida su procedencia oriental. Nos da la primera noticia Clemente Alejandrino (+ 215), según el cual la secta gnóstica de los basilidianos conmemoraba en este día el nacimiento y el bautismo de Jesús. La gnosis herética decía que sólo en el momento del bautismo la divinidad se había unido a la humanidad de Cristo; debía, por tanto, desde entonces contarse el verdadero nacimiento de Jesús. No es improbable que una memoria parecida fuese celebrada en alguna iglesia cristiana del Oriente; aunque, si acaso, debió tratarse de una fiesta secundaria. Orígenes, en el elenco de las fiestas cristianas inserto en sus obras contra Celso, no hace ninguna mención; por el contrario, resulta de la Passio S. Philippi, de Heraclea, que en el 304 la Epifanía en esta ciudad era considerada como dies sanetus. Parece, sin embargo, que fue el misterio de la Navidad el que en Oriente fue desde el principio considerado como objeto primario de esta solemnidad. Sólo más tarde, en el siglo IV, cuando fue introducida la nueva fiesta occidental del 25 de diciembre, el recuerdo del bautismo pasó a primera línea. En efecto, en los antiguos calendarios coptos, la Epifanía es llamada Dies baptismi sanctificati, Immersia Domini, y las Constituciones apostólicas prescriben que los siervos in Epiphaniae festo vacent, quia in eo demónstrala est Christi dwinitas, quando Pater testimonium ei praebuit in baptismo. En este día eran bautizados los catecúmenos, de donde el nombre de ημερα των φώτων, τα φώτα, dado por los Padres griegos. Sigue leyendo