San Juan Bautista.

Los sucesos prodigiosos verificados en el nacimiento de San Juan Bautista, su dignidad de profeta del Altísimo, de ángel precursor; la proclamación de su eminentísima santidad, hecha por el mismo Jesucristo; su glorioso martirio, lo hacían acreedor, sin duda, a la veneración de toda la Iglesia. En efecto, su culto, a diferencia de los otros, estrictamente locales, se nos presenta desde el siglo IV con carácter universal.Constantino le dedica una basílica en Ostia, Albano. Constantinopla y el famoso baptisterio lateranense, que sucesivamente dio el nombre a la vecina basílica del Salvador y a la mayor parte de los baptisterios antiguos. Al final del siglo IV se encuentran señales de su culto en Siracusa en Turín, en Campania, en Egipto, en África y en Palestina, donde en Sebaste eran veneradas sus reliquias, dispersas después baio Juliano el Apóstata.

Su fecha festiva más antigua que nosotros conocemos es la del 24 de junio, atestiguada por numerosos sermones de San Agustín: Solos dúos natales celebrat Ecclesia, huius et Christi, e instituida, según se observa desde hacía tiempo, maiorum traditione accqpia. Pero, como justamente opina Duchesne, en un principio debió de existir primero otra fiesta, fijada en enero, en relación con el bautismo del Señor (Epifanía). El uso armeno nestoriano y el bizantino, como también el acróstico del papiro litúrgico de Fajium (s.IV), señalado con la fecha del 5 de enero, podría servir de prueba.

Ya que, según las palabras del ángel a María, el nacimiento del Bautista precedió en seis meses al de Jesús, no hay duda de que la fecha del 24 de junio haya sido instituida después y en relación con la de la Navidad de Cristo. Efectivamente, la fiesta natalicia, cayendo el 25 de diciembre, habría hecho poner la de San Juan el 25 de junio; pero porque Navidad en la fecha latina era VIII Kal. lanuarii,análogamente se fijó el nacimiento de San Juan en el VIII Kal. lulii, que corresponde al 24 de junio, porque este mes, a diferencia de diciembre, tiene sólo treinta días.

El culto del Precursor en Roma y en Occidente adquirió en seguida importancia extraordinaria. En la ciudad se contaban por lo menos veinte iglesias dedicadas a él; veintiséis papas tomaron su nombre. En las Galias, su fiesta estaba precedida de dos semanas de ayuno, como en Oriente; y en el 505, el concilio de Agde la equiparaba, como única entre las fiestas de los santos, a la de Pascua y a la de Pentecostés. El sacramentario leoniano contiene para este día cinco misas; la primera, para la vigilia, con ayuno, exhibentes solemne ieiunium, dice el prefacio; la segunda la cuarta, para la fiesta; la tercera, titulada ad Fontem, para la sinaxis, que debía celebrarse en el baptisterio; era, en suma, un día polilitúrgico, a semejanza de Navidad; la Navidad del verano. El uso de cantar este día más de una misa duró mucho tiempo en la Iglesia latina, probablemente hasta fines del siglo XI. El gregoriano tiene tres, comprendida la vigilia, que en el alto Medievo debía decirse al atardecer, al cerrarse el solemne ayuno. La segunda tenía lugar de nocte, después del canto del doble oficio matutino; la tercera, en el día. Era una feliz imitación de la análoga costumbre natalicia, que Alcuino interpretaba así: Tres missae celebrantur in festivitate S. loannis, quia tribus insignibus triumphis excellenter refulsit, officio Praecursori, baptistae ministerio, et quia Nazaraeus ex útero matris remansit.

Esta solemnidad, acompañada por todas partes de usos populares a veces también supersticiosos, se mantiene casi inalterada hasta nuestros días. Dejó de ser fiesta de precepto con la reforma introducida por el Código Canónico. Los signos sáficos asignados por el breviario a esta fecha son del monje casinense Pablo Diácono (+ 799), historiador muy conocido del siglo VIII, el cual los compuso en honor del Bautista, titular de la iglesia de Montecasino. Añade después la leyenda que un Sábado Santo, mientras él se preparaba a cantar el Exultet, se vio aquejado de afonía, y compuso aquellos versos en la esperanza de que se renovase en él el prodigio que se cumplió en el padre de San Juan Bautista. De estos signos, más tarde, Guido de Arezzo (+ 1050) fue el primero que derivó los nombres de las notas musicales:

Ut queant laxis — Resonare fibris Mira gestorum — Famuli tuorum, Solve polluti — Labii reatum, Sancte lohannes.

La Iglesia latina celebra el 29 de agosto otra fiesta en honor del Bautista, la Degollación o, como nota el gelasiano, la Passio. Es imposible decir si es éste el día aniversario de su martirio. El Venerable Beda creía que la fecha del 29 recordaba la invención de la cabeza del Precursor, que tuvo lugar en Cosilao, junto a Calcedonia, poco antes del 391; pero, por el contrario, es el aniversario de la dedicación de una iglesia en Sebaste, la antigua Samaría, hacia la mitad del siglo IV, en la cual se veneraba la tumba del Precursor y la del profeta Elias. La fiesta no era conocida por San Agustín, pero se encuentra celebrada en las Galias y en España en el siglo V; falta en el sacramentarlo leoniano, pero se encuentra en el gelasiano.

Algunos antiguos calendarios orientales recuerdan una tercera fiesta del Bautista, la de su concepción, la cual en un tiempo fue también admitida en Nápoles, España e Inglaterra. Hoy ha quedado solamente en el calendario de la Iglesia bizantina, el 23 de septiembre.

Fuente: Mario Righetti.

 

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