«El Primado de Dios en la Liturgia» de la mano de Joseph Ratzinger (y XII)

3. La materia. En la liturgia católica  tiene relevancia no sólo el cuerpo, sino también la materia de este mundo, pues se trata  de un culto encarnado y cósmico. Y la materia entra en la liturgia, primero, mediante tantos símbolos, como el fuego que ilumina el cirio pascual, las campanillas, etc, signos entre otros muchos que han sido explicados en su perspectiva cultual por Romano Guardini y últimamente por Mons. Egon Kapellari (1); y segundo, mediante la materia que forma parte de los sacramentos. Tres de los siete sacramentos no necesitan una materia concreta, porque es el hombre mismo el que sirve de materia, por ejemplo, la penitencia, la ordenación sacerdotal y el matrimonio. Pero en los otros cuatro sacramentos hallamos materias concretas que significan y vehiculan la gracia divina en ellos recibida. Entrar en el significado sacramental de estas realidades materiales es necesario para comprender mejor el espíritu de la liturgia y acoger más fácilmente la gracia; me refiero al agua bautismal, al aceite de la confirmación y de la unción y al pan y vino de la eucaristía. Sigue leyendo

LA MISA : UN VALOR INFINITO

1200221187_02

                                                                                                                                                                                      Réginald Garrigou-Lagrange O.P.

 

Jesucristo, Salvador nuestro, es el Sacerdote principal del sacrificio de la Misa. La oblación interior, que fue el alma del sacrificio de la Cruz, perdura siempre en el Corazón de Cristo que quiere nuestra salvación. Él mismo ofrece todas las Misas que se celebran cada día. ¿Cuál es el valor de cada una de esas Misas? Es importante tener una idea justa, para unirse cada día al santo Sacrificio y recibir más abundantes frutos.

En la Iglesia se enseña comúnmente que el sacrificio de la Misa considerado en sí mismo tiene un valor infinito, pero que el efecto que produce en nosotros es siempre finito, por elevado que sea, y proporcional a nuestras disposiciones interiores. Estos son los dos puntos de doctrina que conviene explicar.

El sacrificio de la Misa considerado en sí mismo tiene un valor infinito

Es el mismo e idéntico sacrificio del Calvario realizado de manera incruenta.

La razón estriba en que, en sustancia, el sacrificio de la Misa es el mismo que el de la Cruz, el cual tiene un valor infinito a causa de la dignidad de la Víctima ofrecida y del Sacerdote que la ha ofrecido, pues es el Verbo hecho hombre quien, en la Cruz, era al mismo tiempo Sacerdote y Víctima. Es Él quien permanece en la Misa como Sacerdote principal y Víctima realmente presente, realmente ofrecida sacramentalmente inmolada. Mientras que los efectos de la Misa inmediatamente relativos a Dios, como la adoración reparadora y la acción de gracias, se producen

Siempre infaliblemente en su plenitud infinita, incluso sin nuestro concurso, sus efectos relativos a nosotros sólo se extienden en la medida de nuestras disposiciones interiores.

En cada Misa se ofrecen infaliblemente a Dios una adoración, una reparación y una acción de gracias de valor sin límites, y ello en razón de la Víctima ofrecida y del Sacerdote principal, independientemente de las oraciones de la Iglesia universal y del fervor del celebrante. Sigue leyendo