Capítulo 12: Las procesiones

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Las procesiones son un elemento litúrgico que se encuentra en todas las religiones y que, por su simplicidad y por su mayor libertad de movimiento, fue constantemente del agrado del pueblo. Los cultos paganos en Roma tenían muchas y muy frecuentadas, algunas de las cuales fueron cristianizadas por la Iglesia.

No es éste el lugar para entrar en los detalles históricos de cada una de las procesiones que forman parte de la liturgia latina. Aludiremos solamente a las principales, y, según el fin preferente de cada una de ellas, las dividimos en los grupos siguientes:

Procesiones conmemorativas de algún acontecimiento.

Procesiones penitenciales y lustrales

Procesiones marianas.

Procesiones eucarísticas.

Procesiones ceremoniales.

Procesiones fúnebres.

PROCESIONES CONMEMORATIVAS

a) La procesión dominical para la aspersión del pueblo con el agua bendita.

Se originó en Francia poco antes de la época carolingia y se difundió en seguida por Italia, como nos consta por los decretos sinodales de Raterio de Verona (+ 974). Fue instituida para repetir semanalmente sobre los fieles aquella efusión del agua lustral recibida cada año en la noche de Pascua en la bendición de la fuente, la cual debía reavivar en ellos la gracia del bautismo. Durando lo dice expresamente: Ex aqua benedicta nos et loca in significationem baptismi aspergimus .(1) El celebrante, antes de la misa parroquial, bendecía el agua, y procesionalmente, con la cruz y los ministros, dando la vuelta a la iglesia, rociaba a los fieles; se dirigía después, si existía, al cementerio contiguo, donde bendecía las tumbas; después volvía al altar. En los monasterios, la procesión que llevaba el agua lustral a los lugares más importantes del edificio adquirió importancia extraordinaria. Hoy la antigua forma procesional ha desaparecido; pero ha quedado el rito, que tiene lugar todos los domingos en las iglesias colegiatas y parroquiales.  Sigue leyendo

Qué es el “humo de Satanás”

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La revelación del Cardenal Noé: “Cuando Pablo VI denunció el humo de Satanás en la Iglesia, se refería a los abusos litúrgicos que siguieron al Vaticano II”

por Bruno Volpe

Ciudad del Vaticano – Habla con un hilo de voz y a veces la fatiga es tan pesada que debe parar. Pero su mente es lúcida, y su corazón, bueno. La entrevista con el Cardenal Virgilio Noé (en la foto), 86 años, Maestro de las Celebraciones Litúrgicas bajo los pontificados de Pablo VI, Juan Pablo I y Juan Pablo II, luego Arcipreste de la Basílica de San Pedro y Vicario del Papa para la Ciudad del Vaticano, se revela conmovedora y, al mismo tiempo, cautivadora. El purpurado, que ha abandonado ya hace mucho la vida pública a causa de los achaques propios de la edad, nos ayuda a conocer mejor a un Pontífice olvidado en la prisa de la historia: Giovani Battista Montini. Revela por primera vez a qué se refería precisamente Pablo VI cuando, en 1972, denunció la presencia del humo de Satanás en la Iglesia.

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Eminencia, ¿quién era Pablo VI?

“Un caballero, un Santo. Recuerdo aún cómo vivía el misterio de la Eucaristía, con pasión y participación. Cuando pienso en él lloro, pero no a manera de los hipócritas. Me conmuevo sinceramente. Le debo tanto, me ha enseñado mucho, ha vivido y se ha gastado siempre por la Iglesia”.

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Usted ha tenido el privilegio de ser Maestro de las Ceremonias Litúrgicas gracias al nombramiento del Papa Montini en tiempos de la reforma post-conciliar. ¿Cómo recuerda aquellos tiempos?

“Espléndidamente. Una vez, el Santo Padre me dijo, personalmente, y de manera afectuosísima, cómo debía realizar el ceremoniero esa función en aquel preciso período histórico. Sucedió en la sacristía. Se acercó y me dijo: el ceremoniero debe prever todo y hacerse cargo de todo, tiene la función de hacerle más fácil el camino al Papa”

¿Agregó algo más?

“Sí. Afirmó que el ánimo de un ceremoniero no debe ser turbado por nada, por pequeños o grandes que sean sus problemas personales. Un ceremoniero, subrayó, debe permanecer siempre dueño de sí mismo y hacer de escudo al Papa, porque la Santa Misa debe ser celebrada dignamente, para la gloria de Dios y de su pueblo”.

¿Cómo aceptó el Santo Padre la reforma litúrgica querida por el Vaticano II?

“De buen grado”.

Se cuenta que Pablo VI era un hombre muy triste: ¿es verdad o leyenda?

“Una mentira. Era un padre bueno y tranquilo, un caballero y un Santo. Al mismo tiempo, estaba dolorido por el hecho de haber sido dejado solo por la curia romana. Pero de esto prefiero no hablar.”

Entonces, desmintiendo las historias, Ud. que ha sido uno de sus más estrechos y fieles colaboradores, describe al Papa Montini como una persona serena.

“Lo era. ¿Y sabe por qué? Porque afirmaba siempre que quien sirve al Señor no puede estar nunca triste. Y él lo servía especialmente en el sacrificio de la Santa Misa”.

Ha quedado para la historia la denuncia de Pablo VI sobre la presencia del humo de Satanás en la Iglesia. Aún hoy, aquel discurso parece de una actualidad increíble. Pero, con exactitud, ¿qué quiso decir el Papa?

“Ustedes, los de “Petrus”, han hecho un buen tiro, porque estoy a punto de revelar, por primera vez, lo que intentaba denunciar Pablo VI con aquella afirmación. Sí, el Papa Montini, por Satanás intentaba clasificar a todos aquellos sacerdotes u obispos y cardenales que no rendían culto al Señor celebrando mal la Santa Misa, a causa de una errada interpretación y aplicación del Concilio Vaticano II. Habló de humo de Satanás porque sostenía que aquellos sacerdotes que deforman la Santa Misa en nombre de la creatividad, en realidad estaban dominados por la vanagloria y la soberbia del Maligno. Por lo tanto, el humo de Satanás no era otro que la mentalidad que quería desbaratar los cánones tradicionales y litúrgicos de la ceremonia eucarística.”

Y pensar que Pablo VI está señalado casi como la causa de todos los males de la liturgia post-conciliar. Pero teniendo en cuenta lo que Ud. revela, Eminencia, Montini comparó el caos litúrgico directamente con algo infernal, aunque de modo velado.

“Él codenaba la sed de protagonismo y el delirio de omnipotencia que siguieron a nivel litúrgico al Concilio. La Misa es una ceremonia sagrada, repetía con frecuencia, todo debe ser preparado y estudiado adecuadamente respetando los cánones, nadie es “dominus” de la Misa. Desgraciadamente, muchos, después del Vaticano II no lo han entendido y Pablo VI sufría viendo el fenómeno como un ataque del demonio”.

Eminencia, en conclusión: ¿qué es la verdadera liturgia?

“Es rendir gloria a Dios. La liturgia se lleva a cabo siempre y en todo caso con decoro: también la señal de la cruz mal hecha es sinónimo de desprecio y dejadez. Lamentablemente, lo repito, después del Vaticano II se ha creído que todo o casi todo estaba permitido. Ahora, se necesita recuperar, y rápidamente, el sentido de lo sagrado en el “ars celebrandi”, antes que el humo de Satanás penetre completamente toda la Iglesia. Gracias a Dios tenemos al Papa Benedicto XVI: su Misa y su estilo litúrgico son un ejemplo de corrección y dignidad.

Fuente: http://la-buhardilla-de-jeronimo.blogspot.com.ar

(traducción libre por Jerónimo y Francesco)

(ver original en http://www.papanews.it/dettaglio_interviste.asp?IdNews=7624#a )