Redemptionis Sacramentum : ¿Respetado? ¿Olvidado?¿Desconocido?

INSTRUCCIÓN

Redemptionis Sacramentum

Sobre algunas cosas que se deben observar o evitar

a cerca de la Santísima Eucaristía

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PROEMIO

[1.]      El Sacramento de la Redención, que la Madre Iglesia confiesa con firme fe y recibe con alegría, celebra y adora con veneración, en la santísima Eucaristía,[1] anuncia la muerte de Jesucristo y proclama su resurrección, hasta que Él vuelva en gloria,[2] como Señor y Dominador invencible, Sacerdote eterno y Rey del universo, y entregue al Padre omnipotente, de majestad infinita, el reino de la verdad y la vida.[3]

[2.]      La doctrina de la Iglesia sobre la santísima Eucaristía ha sido expuesta con sumo cuidado y la máxima autoridad, a lo largo de los siglos, en los escritos de los Concilios y de los Sumos Pontífices, puesto que en la Eucaristía se contiene todo el bien espiritual de la Iglesia, que es Cristo, nuestra Pascua,[4] fuente y cumbre de toda la vida cristiana,[5] y cuya fuerza alienta a la Iglesia desde los inicios.[6] Recientemente, en la Carta Encíclica «Ecclesia de Eucharistia», el Sumo Pontífice Juan Pablo II ha expuesto de nuevo algunos principios sobre esta materia, de gran importancia eclesial para nuestra época.[7]

            Para que también en los tiempos actuales, tan gran misterio sea debidamente protegido por la Iglesia, especialmente en la celebración de la sagrada Liturgia, el Sumo Pontífice mandó a esta Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos[8] que, en colaboración con la Congregación para la Doctrina de la Fe, preparara esta Instrucción, en la que se trataran algunas cuestiones referentes a la disciplina del sacramento de la Eucaristía. Por consiguiente, lo que en esta Instrucción se expone, debe ser leído en continuidad con la mencionada Carta Encíclica «Ecclesia de Eucharistia».

            Sin embargo, la intención no es tanto preparar un compendio de normas sobre la santísima Eucaristía sino más bien retomar, con esta Instrucción, algunos elementos de la normativa litúrgica anteriormente enunciada y establecida, que continúan siendo válidos, para reforzar el sentido profundo de las normas litúrgicas[9] e indicar otras que aclaren y completen las precedentes, explicándolas a los Obispos, y también a los presbíteros, diáconos y a todos los fieles laicos, para que cada uno, conforme al propio oficio y a las propias posibilidades, las puedan poner en práctica.

[3.]      Las normas que se contienen en esta Instrucción se refieren a cuestiones litúrgicas concernientes al Rito romano y, con las debidas salvedades, también a los otros Ritos de la Iglesia latina, aprobados por el derecho.

[4.]      «No hay duda de que la reforma litúrgica del Concilio ha tenido grandes ventajas para una participación más consciente, activa y fructuosa de los fieles en el santo Sacrificio del altar».[10] Sin embargo, «no faltan sombras».[11] Así, no se puede callar ante los abusos, incluso gravísimos, contra la naturaleza de la Liturgia y de los sacramentos, también contra la tradición y autoridad de la Iglesia, que en nuestros tiempos, no raramente, dañan las celebraciones litúrgicas en diversos ámbitos eclesiales. En algunos lugares, los abusos litúrgicos se han convertido en una costumbre, lo cual no se puede admitir y debe terminarse.

[5.]      La observancia de las normas que han sido promulgadas por la autoridad de la Iglesia exige que concuerden la mente y la voz, las acciones externas y la intención del corazón. La mera observancia externa de las normas, como resulta evidente, es contraria a la esencia de la sagrada Liturgia, con la que Cristo quiere congregar a su Iglesia, y con ella formar «un sólo cuerpo y un sólo espíritu».[12] Por esto la acción externa debe estar iluminada por la fe y la caridad, que nos unen con Cristo y los unos a los otros, y suscitan en nosotros la caridad hacia los pobres y necesitados. Las palabras y los ritos litúrgicos son expresión fiel, madurada a lo largo de los siglos, de los sentimientos de Cristo y nos enseñan a tener los mismos sentimientos que él;[13] conformando nuestra mente con sus palabras, elevamos al Señor nuestro corazón. Cuanto se dice en esta Instrucción, intenta conducir a esta conformación de nuestros sentimientos con los sentimientos de Cristo, expresados en las palabras y ritos de la Liturgia. Sigue leyendo

De una plegaria eucarística a muchas: cómo sucedió y por qué (II)

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por Dom Cassian Folsom, O.S.B.

5. Pasos en el proceso hacia la promulgación oficial

De manera muy esquemática, estos son los pasos que el texto de las nuevas plegarias eucarísticas recorrió para recibir su aprobación final (cfr. Bugnini, p. 406- 409):

a) Abril de 1967: el esquema fue aprobado por el consejo presidencial del Consilium , y luego por los Padres. Fue enviado al Papa el 3 de mayo de 1967. (El esquema también incluyó nueve nuevos prefacios).

b) El Santo Padre ordenó que el esquema se enviará a la Congregación para la Doctrina de la Fe y a la Congregación de Ritos (junio de 1967). La CDF no aprobó la anáfora —literalmente, “ofrenda”, otro nombre para la oración eucarística— alejandrina de San Basilio por el problema teológico de la epíclesis (invocación del Espíritu Santo).

c) 10 de julio 1967: con vistas al próximo Sínodo de Obispos, el Papa Pablo VI escribió al Consilium con estas instrucciones: «Puede procederse a la preparación de un folleto [que contenga las anáforas nuevas] para presentarlo a los Rdmos. Padres en el próximo sínodo: sin embargo, bien considerado todo lo que se refiere a la fórmula de la consagración, es oportuno que no sea modificada»16.

d) El Sínodo de Obispos se celebró en octubre de 1967. Entre las cuestiones litúrgicas en discusión estuvo la cuestión de las nuevas oraciones eucarísticas. Una serie de “preguntas pontificias” se presentaron antes a los Padres para una votación el 14 de octubre de 1967; entre ellas la pregunta: “¿Se aprueba que además del Canon romano se introduzcan en la liturgia latina otras tres plegarias eucarísticas?”. De los 183 Padres con voto, una gran mayoría dijo que sí , 22 dijeron que no , y 33 dijeron que sí, con cualificaciones ( placet iuxta modum )17. Los modi son los siguientes: Sigue leyendo