«Liturgia y Arte Sacro»: la recuperación de la Belleza en la Liturgia (II)

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Diálogo entre fe y razón

 Un diálogo entre arte y fe no sólo es posible, sino que es urgente y necesario, pero a condición de saber la situación en la que nos encontramos y del firme propósito de no dejarnos atrapar por la confusión (1). Y como la filosofía y la antropología consecuente se traducen en cultura, Nietzsche tuvo una consecuencia cultural, que es el arte de Duchamp. Cuando Nietzsche moría, estaba naciendo Duchamp como artista. Y como Nietzsche dijo “Dios no existe”, treinta años después, su “hijo” cultural dijo: “la belleza no existe”. Duchamp, padre del arte contemporáneo, vivió entre dos guerras mundiales, en un periodo de escepticismo. Si no existe Dios, ¿cómo podemos hablar de algo tan absurdo como la belleza? Desde entonces, el arte toma este camino. De hecho, hoy hablar de la belleza es algo que no tiene mucho sentido. Pero es preciso volver a proponer la belleza como valor, sabiendo que, aunque siempre ha estado en la vida, ahora no está.

En un libro reciente, Umberto Eco escribe: “Dios ha muerto, la belleza ha dejado de existir, la historia ha terminado”. Al desaparecer Dios, desaparece un concepto universal de la belleza, que es uno de sus atributos. Con el relativismo y el subjetivismo, ya no hay cabida para lo universal.  “Una imagen es una impresión de la verdad, a la que dirigir la mirada de nuestros ciegos ojos” (Tarkowsky). Hubo alguno que al leer esta frase se molestó: la verdad, qué es la verdad, qué se cree este… Hay otra cuestión, yo en mi obra intento poner en relación lo universal con lo particular, porque en lo particular, en lo cotidiano, están los universales más importantes, como el amor. Sigue leyendo

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