¿Quién celebra? (CEC nn. 1136-1144)

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El Catecismo de la Iglesia Católica (CEC), invocando la Constitución conciliarSacrosanctum Concilium (cf. n. 8), enseña que “en la liturgia terrena preguntamos y tomamos parte en un anticipo de la liturgia celestial que se celebra en la Ciudad Santa de Jerusalén” (n. 1090). Teniendo este conocimiento puramente teológico, a continuación, confirma que “los que celebran el culto litúrgico, ya están de alguna manera, más allá de los signos, en la liturgia celestial, donde la celebración es enteramente comunión y fiesta” (n. 1136). Y añade: “En esta Liturgia eterna el Espíritu y la Iglesia nos hacen participar, cuando celebramos, en los sacramentos, el misterio de la salvación” (n. 1139).

La acción litúrgica entonces no termina sólo en su dimensión histórica. Más bien, es una prueba (cf. Juan Pablo II, Audiencia general, 28 de junio de 2000), un pálido reflejo de la realidad, sin embargo (cf. Benedicto XVI, Homilía en la celebración de las Vísperas en la Catedral de Notre-Dame de París, 12 de septiembre de 2008), de lo que se lleva a cabo en las alturas sin cesar. La liturgia eclesial, por lo tanto, no es sólo una imitación más o menos fiel de la liturgia celeste, ni mucho menos una celebración de forma paralela o alternativa. Más bien, significa y representa una concreta manifestación sacramental de la liturgia eterna. Sigue leyendo

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“Hoy en día, no hay ninguna Misa novus ordo igual a otra”.

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Esta frase resume, con cierta elocuencia, una realidad en la que estamos lamentablemente inmersos. Cada sacerdote tiene una forma particular de celebrar la Santa Misa, y dicha forma, lejos de ser homogénea,  está influenciada por las particulares condiciones “pastorales” del entorno del presbítero, así como su grado de formación intelectual y teológico. Es así como muchos sacerdotes aprenden el “ars celebrandi” de manos de sacerdotes fieles a la enseñanza de la Iglesia, pero también existen muchos que son enseñados en la improvisación y la excesiva repetición del axioma errado de la “cena eucarística no sacrificial”, y también muchos (la gran mayoría), que se han formado del ejemplo de sacerdotes con los que han convivido, sin una guía clara, mediante el autoaprendizaje de las formas sin una completa conexión con el fondo.

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