La Santa Misa: Entre el incienso de los Serafines y el humo de Satanás- Fray Guido Casillo OP

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De si un culto indecoroso puede agradar a Dios.

 

 

 

 

Dificultades: Parece que un culto externamente indecoroso puede agradar a Dios.

1.- Que el Apóstol Pablo (Hebreos I:2) ha dicho que la novedad del culto cristiano está en su fundamento que es el sacrificio perfecto y definitivo de Cristo, Hijo de Dios. De tal manera que en la presente dispensación todo culto verdadero fluye del costado del cuerpo de Cristo quién en su pasión y muerte “se ofreció una sola vez” (Hebreos, IX:8) entregándose “por nosotros como oblación y víctima a Dios” (Efesios V:2), razón por la cual todo culto agradable a Dios no será sino mística reproducción de aquel sacrificio arquetípico. Ahora bien, en aquella oportunidad en su manifestación exterior aquel sumo sacrificio resultó indecoroso en varios registros según aquello del Deuteronomio (XXI:23) “Maldito es de Dios el que es colgado de un madero”: así, la víctima compareció desfigurada, como anticipó el Profeta puesto que no tenía “ni apariencia ni belleza para atraer nuestras miradas, ni aspecto que nos agrade” (Is. LIII:2). En efecto, la víctima apareció como “el desecho de los hombres […] como alguien de quien uno aparta su rostro, le deshonramos y le desestimamos” (Is. LIII:3). Y Cristo sacerdote antes de morir sacrificado en la Cruz rezó con las palabras del salmista diciendo que era “gusano y no hombre, oprobio de los hombres y desecho de la plebe” (Ps. XXII:7). Por lo demás, a excepción de unos pocos y de modo singular su Santísima Madre la conducta de quienes asistieron a este sacrificio fue del todo indecorosa, meneando la cabeza, blasfemando, escarneciendo e injuriándolo (Mc. XV:29-31). En efecto los allí presentes lo desnudaron, insultaron, se burlaban de El (Mt. XXVII:35, 39, 41) y en general lo zahirieron de todas las maneras posibles (Lc. XXIII:35), tal como lo había profetizado el Salmista (Ps. XXII:8). O bien, como lo expresa el Aquinate (S. Th. III, q. XLVI, a. 5), “Cristo sufrió en sus amigos que le abandonaban; en su reputación, por las blasfemias proferidas contra El; en su honra y gloria, por las burlas y afrentas que se le causaron; en sus cosas, porque hasta fue despojado de sus vestidos; en su alma, por la tristeza, tedio y temor; y en su cuerpo, por las heridas y azotes”. Y sin embargo este sacrificio resultó eminentemente agradable a Dios y si algún culto le agrada es por razón de la pasión y muerte de su Hijo. Luego, si todo  culto verdadero procede de éste, se sigue que un culto indecoroso puede agradarle.

2.- Que el Apóstol (Hebreos X:10) ha dicho que “hemos sido santificados de una vez y para siempre por la oblación del cuerpo de Jesucristo” y por consiguiente, en la presente dispensación el decoro exterior en el culto resulta irrelevante con tal de llegarnos, como pide San Pablo en la misma carta (X:22) a la “común reunión” con “corazón sincero, en plenitud de fe, limpiados los corazones de mala conciencia y lavados los cuerpos con agua pura”. Reunidas estas condiciones en quienes le rinden culto aunque la liturgia incluya rúbricas y rituales que a algunos pueden parecer indecoroso agrada a Dios.

3.- Dice el Doctor Común (S. Th. II-II, q. 93, a. 1) “incurre en vicio de falsedad la persona que ofrece a Dios en nombre de la Iglesia un culto contrario a los ritos establecidos por ella en virtud de su autoridad divina, y practicados como ella acostumbra”. Pero hay quienes han objetado como indecorosas ciertas prácticas introducidas por la Santa Iglesia y que se han hecho costumbre tales como celebrar de cara al pueblo reemplazando el altar sacrificial por una mesa que evoca una cena, autorizando la comunión de pie, abolición de la mantilla en las mujeres quienes gozan ahora de permisión para servir en el altar, se abolió la costumbre de comulgar de rodillas y se permite la comunión en la mano, además de haberse introducido el uso de instrumentos musicales profanos tales como la guitarra y cánticos con letras que conspiran contra el decoro propio de lo sacro o simplemente, contra el decoro. Tales innovaciones, y experimentos de diversa laya y reformas litúrgicas varias fueron introducidas o permitidas por la Iglesia. Toda vez que todo eso se ha hecho con una autoridad que procede de Dios, aun cuando se considere que tales reformas conspiran contra el decoro propio de lo sacro, no puede decirse que desagrada a Dios. Sigue leyendo

De si hay un culto agradable a Dios. Jack Tollers

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Dificultades: Parece que ningún culto puede agradar a Dios.

1.- Siendo que Dios por definición no necesita de ningún culto y que El mismo ha dicho (Deut. V:6 y 9) que no quiere que nos hagamos “estatua o imagen alguna de cuanto hay arriba en el cielo” que “no las adorararás ni le darás culto”, parece claro que ningún culto agrada a Dios.

2.- Por dos veces Jesucristo cita al profeta Oseas (Os. VI:6) diciendo “Misericordia quiero y no sacrificios” (Mt. IX:13 y XII:7) y el salmista dice igual cosa en el “Miserere” (Ps. LI:18-19): “Los sacrificios no te agradan, y si te ofreciera un holocausto no lo aceptarías. Mi sacrificio, Oh Dios, es un espíritu compungido; Tú no despreciarás, Señor, un corazón contrito”. Ahora bien, el sacrificio constituye la pieza central de todo culto. Luego, si los sacrificios no agradan a Dios, tampoco le agradará culto alguno.

3.- Nuestro Dios es un Dios de los corazones y por tanto mira con atención la intención del que le rinde culto y no la exterioridad de los gestos. Por lo tanto, la exterioridad del culto le resulta indiferente.

Sed contra: Que ya en el Deuteronomio (IV:13) Moisés refiere que Yahvé Dios “mandó que os enseñara las leyes y ceremonias que habíais de guardar”. Y en muchos otros lugares Yahvé manda establecer ciertas ceremonias para el culto (Ex. XVII:19, etc.).  Mas tales ceremonias eran figurativas de las establecidas para la dispensación presente. Razón por la cual el Apóstol (Heb. XII:28) manda que “aceptando el reino inconmovible, recibamos la gracia para tributar a Dios un culto agradable con reverencia y temor”.

Respuesta: En primer lugar debe recordarse que como lo explicó Santo Tomás (I-II q. 102) “Todo el culto exterior de Dios se ordena principalmente a despertar en los hombres la reverencia hacia Dios”.

Mas no sólo los hombres, sino los Angeles que nos enseñan cómo ha de tributarse un culto agradable a Dios. Así aparecen en el Apocalipsis (capítulos IV y V) donde se nos revela a Dios rodeado de “vivientes” que le tributan continuas alabanzas, cánticos y  se prosternan “ante Aquel que está sentado sobre el trono y adoran al que vive por los siglos de los siglos. Estos le rinden culto a Dios y deponen sus coronas ante el trono diciendo: «Digno eres Tú, Señor y Dios nuestro, de recibir la gloria y el honor y el poder, porque Tú creaste todas las cosas y por tu voluntad tuvieron ser y fueron creadas»” (Apoc. IV:10-11).

De donde hemos de afirmar que en los cielos se tributa a Dios un culto eterno de su agrado.

Mas conviene advertir que a renglón seguido en el mismo Apocalipsis (Cap. V) Cristo resplandece en el cielo empíreo como quien fue inmolado por eso aparece bajo la figura del Cordero degollado en un sacrificio, que le vale “la alabanza, el honor, la gloria y el imperio por los siglos de los siglos” (Apoc. V:13). Esto así se lo explica uno de los Ancianos que están junto al trono a San Juan porque “el León de la tribu de Judá, la raíz de David, ha triunfado” (V:5). Sigue leyendo

El Espíritu de la Liturgia. Joseph Ratzinger.

Selección.

 

La liturgia y el peligro de ser creativos. La influencia del marxismo en el anhelo de creatividad

Pág. 192: Esto significa que la «creatividad» no puede ser una categoría auténtica en la realidad litúrgica. Por lo demás, este término ha crecido en el ámbito de la cosmovisión marxista. «Creatividad» significa que, en un mundo privado de sentido, al que se ha llegado por una evolución ciega, el hombre crea finalmente un mundo nuevo y mejor, partiendo de sus propias fuerzas. En las modernas teorías del arte se alude con ello a una forma nihilista de creación: el arte no debe imitar nada; la creatividad artística es el libre gobierno del hombre, que no se ata a ninguna norma ni a finalidad alguna, y que tampoco puede someterse a ninguna pregunta por el sentido. Puede que en estas visiones se perciba un clamor de libertad que, en un mundo dominado por la técnica, se convierte en un grito de socorro. El arte, así concebido, aparece como el último reducto de la libertad. El arte tiene que ver con la libertad, eso es cierto. Pero la libertad así concebida está vacía: no libera, sino que deja que aparezca la desesperación como la última palabra de la existencia humana. Este tipo de creatividad no puede tener cabida en la liturgia. La liturgia no vive de las «genialidades» de cualquier individuo o de cualquier comisión.

La singularidad de la liturgia eucarística consiste en que es Dios mismo el que actúa, y que nosotros nos sentimos atraídos hacia esta acción de Dios. La liturgia tiene que mostrar el verdadero teo-drama que en ella se realiza

Pág. 197: Esta actuación de Dios, que se lleva a cabo a través del discurso humano, es la verdadera «acción» de la que está pendiente toda la creación: los elementos de la tierra son trans-substanciados, arrancados, por así decirlo, de su enraizamiento creatural, asumidos en el fundamento más profundo de su ser y transformados en el cuerpo y la sangre del Señor. Se anticipan el cielo nuevo y la tierra nueva. La verdadera «acción» de la liturgia, en la que todos nosotros hemos de tener parte, es la acción de Dios mismo. Ésta es la novedad y la singularidad de la liturgia cristiana: Dios mismo es el que actúa y el que hace lo esencial. Da paso a la nueva creación, se hace accesible, de tal manera que podemos comunicarnos con Él personalmente, a través de las cosas de la tierra, a través de nuestras ofrendas. Sigue leyendo

Carta de Benedicto XVI a los obispos de lengua alemana sobre el “Pro multis”

Presentamos nuestra traducción de la importante Carta que el Papa Benedicto XVI ha enviado a los obispos de lengua alemana para terminar con el debate en torno a la traducción de las palabras de la consagración, de acuerdo a lo ordenado por la Congregación para el Culto Divino en el año 2006. De esta manera, una vez más, como ya ha sucedido anteriormente en este Pontificado, el Santo Padre mismo, para resolver una cuestión compleja, decide escribir personalmente una carta a los obispos.

¡Excelencia! ¡Venerado, querido señor arzobispo!

Durante su visita del 15 de marzo de 2012, me hizo saber que, en relación a las palabras “pro multis” en el canon de la Misa, aún no existe un consenso entre los obispos de lengua alemana. Ahora parece existir el peligro de que, con el próximo y esperado lanzamiento del “Gotteslob” (“Libro de oraciones”), algunos lugares de lengua alemana mantengan la traducción “por todos”, aunque la Conferencia de los Obispos de Alemania ha concordado en usar el “por muchos”, como desea la Santa Sede. Yo le había prometido que me pronunciaría por escrito sobre esta seria cuestión para evitar una división en nuestro más íntimo lugar de oración. La carta, que por medio de usted envío a los miembros de la Conferencia Episcopal Alemana, también será enviada a los otros obispos de lengua alemana.

Permítame, en primer lugar, decir algunas palabras sobre el origen del problema. En los años sesenta, cuando el Misal Romano fue traducido al alemán bajo la responsabilidad de los obispos, hubo un consenso exegético de que las palabras “muchos” y “mucho” encontradas en Is. 53, 11 en adelante, era una expresión hebrea que indicaría a la comunidad, a “todos”. La palabra “muchos” en la narración de Mateo y de Marcos también fue considerada un semitismo que debía ser traducido como “todos”. Esto también tenía relación directa con el texto latino que sería traducido, en el cual el “pro multis” en las narraciones del Evangelio se refería a Isaías 53 y debía, por lo tanto, ser traducido como “por todos”. Este consenso exegético se desmoronó, ya no existe. En la traducción alemana de la Sagrada Escritura, la narración de la Última Cena dice: “Esta es mi Sangre, la Sangre de la Alianza, que se derrama por muchos” (Marcos 14, 24; Cf. Mt. 26, 28). Esto indica algo muy importante: el cambio del “pro multis” a “por todos” no fue una traducción pura, sino una interpretación que fue y sigue siendo muy razonable, pero ya es más que traducción e interpretación.

Esta mezcla de traducción y de interpretación pertenece, en retrospectiva, a los principios que, inmediatamente después del Concilio, guiaron la traducción de los libros litúrgicos a la lengua vernácula. Se entendió hasta qué punto la Biblia y los textos litúrgicos estaban ausentes del lenguaje y del pensamiento del hombre moderno, de modo que aún traducidos permanecían ampliamente incomprensibles a los participantes del culto divino. Hubo un nuevo empeño para que los textos sagrados fuesen revelados, en las traducciones, a los participantes de la celebración, pero aún así se mantenían alejados de su mundo, e incluso así sería todavía más visible ese alejamiento. No sólo se sentía justificados sino obligados a mezclar la interpretación en la traducción para que, de ese modo, se acortara el camino para las personas, cuyas mentes y corazones podrían ser alcanzados a través de esas palabras. Sigue leyendo