Capítulo 15: Las procesiones ceremoniales y las fúnebres

Ceremoniales:

Benedicto-Marini Ene-09-2011

Creemos poder asignar a este grupo dos procesiones:

La entrada del celebrante para la misa solemne, la cual, como nota el Ceremonial de los obispos tradicional y las rúbricas del Novus Ordo , debe hacerse processionali modo . En las pequeñas iglesias, ésta se presenta en forma modesta, pero en las grandes iglesias catedrales y colegiatas reviste todavía una solemnidad imponente. A pesar de todo eso, es siempre una reducción del majestuoso cortejo pontifical ya en uso en Roma al menos desde el siglo V, del cual nos han dejado la descripción los ordines romani y los liturgistas medievales.

Tomaban parte por deber de oficio los siete subdiáconos y los siete diáconos relacionados con las siete regiones o barrios de la ciudad, según el decreto del papa Fabiano (+ 253), a los cuales correspondía el asistir al pontífice cuando celebraba en las solemnidades estacionales, ut sint custodes episcopo consecranti.(como custodios del obispo celebrante) Intervenían también los sacerdotes de los varios títulos o parroquias romanas así como los obispos presentes en Roma, todos los cuales en aquella circunstancia celebraban con el Papa. A los subdiáconos estaba asignada la incumbencia de revestir al pontífice en el Secretarium de los ornamentos pontificales, hecho lo cual, se colocaban cerca del altar a la espera. Este orden Professional que el Ordo romanus vulgatus del siglo X llama “processio plenaria” si mantuvo en Roma y en las grandes iglesias del Occidente latino hasta el siglo XII como atestigua Honorio de Autún (+1135). Este no desapareció del todo y permaneció en la liturgia del Jueves Santo en ocasión del cortejo de entrada de la Misa Crismal. La reforma litúrgica posconciliar lo ha querido resaltar de un modo especial. Sigue leyendo

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Capítulo 14: Las procesiones (3ª parte)

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Las procesiones marianas

No sabemos con precisión cómo ni cuándo hayan entrado en la liturgia romana las cuatro fiestas más antiguas de la Virgen; es decir, la Natividad, la Anunciación, la Purificación y la Dormición. Pero éstas ya existían en tiempos del papa griego Sergio I (687-701), el cual, inspirándose probablemente en el uso de los bizantinos, quiso rodearlas de mayor pompa, ordenando que en estos días se celebrase durante la noche y a la mañana una gran procesión o cortejo de antorchas de la basílica de San Adrián, en el Foro, hasta Santa María la Mayor. Se llevaban en triunfo los iconos, como ya se hacía con los retratos de los augustos, representantes del Salvador y de la Madre de Dios. Según un ordo del siglo XII, en las procesiones de la Purificación y de la Anunciación eran hasta dieciocho los cuadros sagrados que desfilaban por las calles de Roma, sostenidos por diáconos en medio de candeleros encendidos.

Las cuatro procesiones tenían en un principio un carácter penitencial. El papa y el clero participaban con los pies descalzos, vistiendo las lúgubres capas negras romanas (“paenulae”) , de los días de penitencia.

En la procesión de la Purificación, los antiguos documentos litúrgicos romanos no recuerdan una especial bendición de las candelas. Estas, por otra parte, eran distribuidas en Roma en todas las otras procesiones nocturnas, sin constituir una característica particular de la fiesta del Encuentro (Ipapante), como después se hizo en el siglo XII. Pero ni siquiera entonces esta bendición era exclusivamente propia de aquel día, ya que también en las otras procesiones marianas se habla generalmente de cirios bendecidos.

Como la procesión más importante fue siempre considerada la que precede a la fiesta de la Asunción. Después del siglo X, asociada a la Acheropita, la antiquísima imagen del Salvador, venerada en el Sancta Sanctorum lateranense se convirtió en una de las solemnidades más características de la Roma medieval. Pero de ella hablaremos expresamente en el tratado de la fiesta de la Asunción.

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Las procesiones eucarísticas .

Las procesiones teofóricas o eucarísticas hoy incluidas en los libros litúrgicos son cuatro: Sigue leyendo

Capítulo 13: Las procesiones (2ª parte)

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Las procesiones penitenciales y lustrales.

Las procesiones de penitencia y lustrales eran también llamadas simplemente letanías (del griego litaneia, súplica u oración),, porque al final de la procesión se cantaba aquella fórmula de súplica o intercesión llamada comúnmente letanía, y más tarde, letanía de los santos. Pertenecen a este grupo:

a) La letanía mayor, llamada así por su carácter más festivo en comparación de las otras letanías estacionales. Había sustituido, a mitades del siglo VI, a la fiesta pagana en honor de Robigo, deidad primaria de los granjeros romanos, conocida como la diosa del desperfecto. Los granjeros la veneraron para proteger sus cosechas del desperfecto, que ella mandaría sobre ellos si no era apaciguada. Robigo preservaba los cereales de los mohos. La celebración concluía con la bendición del pueblo y de sus habitantes.

En Roma, la procesión partía de San Lorenzo in Lucina, y por la vía Flaminia y el puente Milvio se dirigía a San Pedro. Ya que se celebraba el 25 de abril, es decir, en pleno tiempo pascual, la Iglesia romana no le había dado aquella impronta penitencial que retuvieron las letanías menores venidas de las Galias. Se pedía con ella la protección de Dios sobre las mieses próximas a madurar. La letanía mayor fue adoptada muy tardíamente fuera de Roma. En Génova no era todavía conocida en el siglo XII. Sigue leyendo

Capítulo 12: Las procesiones

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Las procesiones son un elemento litúrgico que se encuentra en todas las religiones y que, por su simplicidad y por su mayor libertad de movimiento, fue constantemente del agrado del pueblo. Los cultos paganos en Roma tenían muchas y muy frecuentadas, algunas de las cuales fueron cristianizadas por la Iglesia.

No es éste el lugar para entrar en los detalles históricos de cada una de las procesiones que forman parte de la liturgia latina. Aludiremos solamente a las principales, y, según el fin preferente de cada una de ellas, las dividimos en los grupos siguientes:

Procesiones conmemorativas de algún acontecimiento.

Procesiones penitenciales y lustrales

Procesiones marianas.

Procesiones eucarísticas.

Procesiones ceremoniales.

Procesiones fúnebres.

PROCESIONES CONMEMORATIVAS

a) La procesión dominical para la aspersión del pueblo con el agua bendita.

Se originó en Francia poco antes de la época carolingia y se difundió en seguida por Italia, como nos consta por los decretos sinodales de Raterio de Verona (+ 974). Fue instituida para repetir semanalmente sobre los fieles aquella efusión del agua lustral recibida cada año en la noche de Pascua en la bendición de la fuente, la cual debía reavivar en ellos la gracia del bautismo. Durando lo dice expresamente: Ex aqua benedicta nos et loca in significationem baptismi aspergimus .(1) El celebrante, antes de la misa parroquial, bendecía el agua, y procesionalmente, con la cruz y los ministros, dando la vuelta a la iglesia, rociaba a los fieles; se dirigía después, si existía, al cementerio contiguo, donde bendecía las tumbas; después volvía al altar. En los monasterios, la procesión que llevaba el agua lustral a los lugares más importantes del edificio adquirió importancia extraordinaria. Hoy la antigua forma procesional ha desaparecido; pero ha quedado el rito, que tiene lugar todos los domingos en las iglesias colegiatas y parroquiales.  Sigue leyendo

El Primado de Dios en la Liturgia» de la mano de Joseph Ratzinger (IX)

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c) Estar de rodillas y postrados. Después del último concilio se han escuchado voces afirmando que el arrodillarse y postrarse durante la liturgia es algo ya pasado de moda, pues Cristo nos ha devuelto la libertad. También Aristóteles decía que arrodillarse era un comportamiento propio de bárbaros. Sin embargo, la humillación de Cristo en cruz ha abierto los ojos a los cristianos sobre la conveniencia de contemplar tal misterio de rodillas. En concreto, el estar de rodillas es una herencia bíblica. En el Nuevo Testamento aparece 59 veces la palabra proskynein y de ellas 24 en el Apocalipsis, que es el modelo celeste de la celebración litúrgica  terrena. Y son tres las posturas al respecto, relacionadas, a saber, la postración, el caer a los pies y el arrodillarse. Comencemos por la postración, de la que presentamos dos textos: Josué, antes de la campaña de Jericó, al ver al jefe del ejército del Señor de pie frente a él, “cayó rostro en tierra, adorándolo” (Jos 5, 15). Josué adora a Cristo, el que había de venir, y había de caer rostro en tierra y así rezar en el huerto de los olivos (Mt 26, 39). Lucas, el teólogo de la oración arrodillada, dice que Jesús rezaba al Padre de rodillas, diciendo “no se haga mi voluntad sino la tuya” (Lc 22, 41-42). En la conformación de nuestra voluntad con la de Dios está el misterio interior de la redención. Sigue leyendo