DIRECTORIO SOBRE LA PIEDAD POPULAR Y LA LITURGIA. Domingo de Ramos

Domingo de Ramos

Las palmas y los ramos de olivo o de otros árboles

139. “La Semana Santa comienza con el Domingo de Ramos “de la Pasión del Señor”, que comprende a la vez el triunfo real de Cristo y el anuncio de la Pasión”.

La procesión que conmemora la entrada mesiánica de Jesús en Jerusalén tiene un carácter festivo y popular. A los fieles les gusta conservar en sus hogares, y a veces en el lugar de trabajo, los ramos de olivo o de otros árboles, que han sido bendecidos y llevados en la procesión.

Sin embargo es preciso instruir a los fieles sobre el significado de la celebración, para que entiendan su sentido. Será oportuno, por ejemplo, insistir en que lo verdaderamente importante es participar en la procesión y no simplemente procurarse una palma o ramo de olivo; que estos no se conserven como si fueran amuletos, con un fin curativo o para mantener alejados a los malos espíritus y evitar así, en las casas y los campos, los daños que causan, lo cual podría ser una forma de superstición.

La palma y el ramo de olivo se conservan, ante todo, como un testimonio de la fe en Cristo, rey mesiánico, y en su victoria pascual.

La solemnidad de santa María, Madre de Dios

115. El 1 de Enero, Octava de la Navidad, la Iglesia celebra la solemnidad de Santa María, Madre de Dios. La maternidad divina y virginal de María constituye un acontecimiento salvífico singular: para la Virgen fue presupuesto y causa de su gloria extraordinaria; para nosotros es fuente de gracia y de salvación, porque “por medio de ella hemos recibido al Autor de la vida”.

La solemnidad del 1 de Enero, eminentemente mariana, ofrece un espacio particularmente apto para el encuentro entre la piedad litúrgica y la piedad popular: la primera celebra este acontecimiento con las formas que le son propias; la segunda, si está formada de manera adecuada, no dejará de dar vida a expresiones de alabanza y felicitación a la Virgen por el nacimiento de su Hijo divino, y de profundizar en el contenido de tantas formulas de oración, comenzando por la que resulta tan entrañable a los fieles: “Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores”. Sigue leyendo

Capitulo 9º El ofertorio Parte 3ª Las materias sacrificiales y su colocación


En todas las liturgias se conoce la tendencia a convertir en ceremonia lo que en sí es simple acción exterior necesaria para el desarrollo del rito. En las liturgias orientales esa tendencia ha convertido el simple traslado de las materias sacrificiales en solemne procesión llamada Entrada Mayor. En la liturgia romana esa tendencia se manifiesta en el acto de depositar las materias sacrificiales encima del altar.

A veces, incluso la misma elaboración del pan se ha convertido en ceremonia. Los sirios occidentales tienen un rito especial compuesto de dos partes para la preparación de la masa y la cocción, acciones acompañadas de salmos. Los abisinios ponen junto al templo una dependencia llamada “bet-lejem” (casa del pan-Betlehem) donde trasladan al principio de la misa las ofrendas del altar. Desde luego en todas las liturgias orientales esta vedado a las mujeres cocer el pan y ni siquiera son admitidos para este trabajo los seglares. Sigue leyendo

LA EUCARISTÍA Y EL SACERDOTE: UNIDOS INSEPARABLEMENTE POR EL AMOR DE DIOS

CONGREGACIÓN PARA EL CLERO


 

El sacerdote, responsable de la Eucaristía

La fiesta del Sagrado Corazón de Jesús nos invita a contemplar el amor, que surge de la fuente inagotable de Cristo y se difunde a toda la humanidad, por medio del “don por excelencia” que es la Eucaristía. La reciente Encíclica de Juan Pablo II atrae nuestra atención acerca del valor de este don, que es totalmente excepcional. El don divino ha sido destinado a nosotros los sacerdotes en una manera particular y, con nuestra acogida, llevamos la responsabilidad de la eficacia de la Eucaristía en el mundo.

Grito de fe

A cada celebración del divino Sacrificio, el sacerdote, después de haber consagrado el pan y el vino, para que se conviertan en el cuerpo y en la sangre de Cristo, exclama: “Este es el sacramento de nuestra fe”; es una maravilla que suscita adoración, aunque a los ojos terrenos parece que nada ha cambiado. En la Encíclica el Santo Padre manifiesta el deseo de colocarse con nosotros ” en adoración delante de este Misterio: Misterio grande, Misterio de misericordia” (11). Añade: “¿Qué más podía hacer Jesús por nosotros? Verdaderamente, en la Eucaristía nos muestra un amor que llega ” hasta el extremo ” (Jn 13, 1), un amor que no conoce medida “.

La Misa es el memorial del sacrificio de la cruz, “La Iglesia vive continuamente del sacrificio redentor, y accede a él no solamente a través de un recuerdo lleno de fe, sino también en un contacto actual, puesto que este sacrificio se hace presente, perpetuándose sacramentalmente en cada comunidad que lo ofrece por manos del ministro consagrado. De este modo, la Eucaristía aplica a los hombres de hoy la reconciliación obtenida por Cristo una vez por todas para la humanidad de todos los tiempos. En efecto, ” el sacrificio de Cristo y el sacrificio de la Eucaristía son, pues, un único sacrificio “(12).

La Eucaristía es sacrificio en sentido propio y, en primer lugar, don de Cristo al Padre: “sacrificio que el Padre aceptó, cambiando esta total donación de su Hijo, que se “hizo obediente hasta la muerte” (Filp. 2,8), con su paterna donación, esto es con el don de la nueva vida inmortal en la resurrección. “Al entregar su sacrificio a la Iglesia, Cristo ha querido además hacer suyo el sacrificio espiritual de la Iglesia, llamada a ofrecerse también a sí misma unida al sacrificio de Cristo ” (13)

Más particularmente, el Sumo Pontífice subraya que ” el sacrificio eucarístico no sólo hace presente el misterio de la pasión y muerte del Salvador, sino también el misterio de la resurrección, que corona su sacrificio. En cuanto viviente y resucitado, Cristo se hace en la Eucaristía ” pan de vida ” (Jn 6, 35.48), ” pan vivo ” (Jn 6, 51)”. Sigue leyendo

SACRATÍSIMO CORAZÓN DE JESÚS



A la fiesta del corpus la sagrada liturgia añade, como una prolongación de la misma, la fiesta del Sagrado Corazón de Jesús. El objeto de esta fiesta es el Corazón de Jesús, es decir, el Corazón físico del Hombre Dios, junto con la humanidad y la divinidad de Jesús, considerado como un miembro vivo y unido al todo orgánico. El Corazón corpóreo de Jesús como símbolo y expresión del amor de Cristo a los hombres, manifestado sobre todo en la Redención por la cruz y en el misterio de la Santísima Eucaristía: he aquí el verdadero objeto de la fiesta. En el Corazón de Jesús, pues, vemos, en último término, la misma persona de Jesús, la persona divina que, bajo el símbolo de su Corazón de carne, nos muestra el amor, divino y humano, de Jesús hacia nosotros. Los misterios de la Encarnación, de la Redención por la Cruz, de la Venida del Espíritu Santo, de nuestra futura resurrección y de nuestra eterna posesión y goce de la vida divina se fundan, en último resultado, en el único misterio del Amor del Salvador hacia nosotros. Y con la fiesta del Sagrado Corazón de Jesús no pretendemos otra cosa que honrar este Amor divino-humano, y sumergirnos en él. (Dom Baur).

   El protestantismo en el siglo XVI, y el jansenismo en el XVII, habían puesto  todos los medios posibles para desfigurar uno de los dogmas esenciales del cristianismo, cual es el amor de Dios a todos los hombres.

   Era pues menester que el Espíritu de amor, que rige siempre a la Iglesia, encontrase un medio nuevo para oponerse a la herejía avasalladora, a fin de que la Esposa de Cristo, lejos de ver disminuir su amor a Jesús, lo sintiese acrecentado cada día más y más. Sigue leyendo